Si descarrila que descarrile……..


Caminaba un grillo una tarde de primavera por las vías del tren, mientras disfrutaba de la explosión de colores, olores y sonidos del revivir de campo.  Tan ensimismado se encontraba en sus pensamientos, que no  percibió un leve obstáculo en la junta de dos railes, con tan mala suerte que se le quedó la pata enganchada.  Un intento, dos, tres y no era capaz de sacar la pata, perfectamente encajada en el hueco que sirve de junta de dilatación entre los dos hierros. Tras una rápida reflexión y una mirada alrededor sin encontrar asidero que le permitiera liberar la extremidad, intentó de nuevo sacar la pata sin éxito.

Unas leves vibraciones  del suelo, que poco a poco se hicieron más intensas, confirmaron su más  profundos temores, cuando el traqueteo del tren se volvió nítido y en la distancia vio la locomotora que se aproximaba. El nerviosismo generalizado invadió su cuerpo, mientras intentaba con mayor intensidad y frecuencia liberar sin éxito la extremidad del aprisionamiento.   La proximidad  era ya inevitable y la cercanía tal, que eran perfectamente visibles las chispas que saltaban del roce del pantógrafo con la catenaria, momento en el cual se abandonó el grillo a su propio destino: Si descarrila que descarrile más de lo que he hecho no he podido hacer.

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